¡No me llames coach! Soy tu consejero.



De subir al cielo a bajar al infierno.

La burbuja del coaching, está pinchada y se está desinflando por momentos. Hoy es una marca profesional que ha perdido gran parte de la reputación que alcanzó.

La necesidad real de contar con excelentes consejeros, que ayuden en la compleja labor diaria, facilitó su rápida implantación, a la que también ayudó una moda. ¿Ha respondido acertadamente el coaching a esa necesidad? Da la impresión de que no lo suficiente y en la actualidad se está jugando su futuro como profesión respetable..

Veamos

  • En este siglo se ha producido una democratización del Consejero, que pasa de ser un cargo ligado a la aristocracia y la alta burguesía, a ser un profesional accesible en la zona medio-alta de la empresa, incluso a cualquier persona, para resolver los problemas de la vida.

  • Disponer de un buen consejero se convierte en una ventaja competitiva dentro de la lucha por el poder en la empresa. Pero hay más, contar con un consejero que te ayude a tomar buenas decisiones en cualquier ámbito de la vida, impulsa tu bienestar.

  • El nicho que ha descubierto el coaching, es muy goloso para otras profesiones que buscan el monopolio del asesoramiento. La aparición, como un tsunami del concepto salud mental, un nuevo mantra que nos convierte a todos en enfermos, puede ser la puntilla definitiva al coaching.

La respuesta está en consolidar la reputación del Consejero como profesional de primera magnitud.


Alguna bibliografía, para los muy cafeteros, que está apareciendo

El confesor real en la Castilla de los Trastámara. Guiillermo F. Arquero Caballero

Espejos de príncipes y avisos a princesas. La educación palaciega de la casa de Austria. Alfredo Alvar Ezquerra.

Ciencia y pseudociencia en psicología y psiquiatría. Marino Pérez Álvarez



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